1 – El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido y entre cristianos es en sí mismo un pecado grave

Según el Diccionario de la Real Academia Española, “proselitismo” es “celo de ganar prosélitos”. A su vez, “prosélito” es “persona incorporada a una religión”. Desde los tiempos de Jesús, la Iglesia tuvo como primordial preocupación atraer a su seno todos los hombres para, como custodia de la plena verdad, conducirlos a la salvación. O sea, un proselitismo para el bien, en toda regla. Pero… otros métodos quizá agraden más a Dios.

Francisco

 

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«El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido. Hay que conocerse, escucharse y hacer crecer el conocimiento del mundo que nos rodea. A mí me sucede que después de un encuentro tengo ganas de tener otro, porque nacen nuevas ideas y se descubren nuevas necesidades. Esto es importante: conocerse, escucharse, ampliar el círculo de los pensamientos. El mundo está recorrido por caminos que acercan y alejan, pero lo importante es que lleven hacia el Bien». (Entrevista con Eugenio Scalfari, 1 de octubre de 2013).

Nota: Los autores de este estudio somos conscientes que la sala de prensa del Vaticano desmintió la interpretación que algunos medios habían dado a ciertas afirmaciones contenidas en las entrevistas del Papa Francisco con Eugenio Scalfari. Por otro lado, no deja de llamar la atención de que algunas de las mismas todavía estén publicadas en la página del Vaticano (basta pinchar en los enlaces de los artículos), oficializando así su contenido, al parecer con el aval del propio Papa Francisco. En medio de todo el revuelo y la confusión causados, siempre sentimos la falta de que, junto a las aclaraciones, se presentara con claridad la verdadera doctrina. No olvidemos que la inmensa mayoría de la opinión pública sólo lee los titulares que la prensa publica, los cuales, como todos sabemos, frecuentemente manipulan la verdad. En ese sentido, parecería que una simple declaración de que el contenido de esas entrevistas no corresponde con palabras textuales del Papa Francisco no bastaba. Por lo tanto, publicamos este artículo con la idea de aclarar conceptos y orientar a los fieles, lo cual, desde el primer momento y como decimos en nuestra carta de presentación, siempre ha sido el objetivo de esta página. Después cada uno podrá emitir un juicio certero, pero habiendo antes tomado contacto con la verdad.
«¿Voy a convencer a otro que se haga católico? ¡No, no, no! ¡Vas a encontrarlo, es tu hermano! ¡Eso basta! Y lo vas a ayudar, lo demás lo hace Jesús, lo hace el Espíritu Santo». (Videomensaje, 7 de agosto de 2013)
“Pablo tiene la conciencia de que debe evangelizar, no hacer proselitismo. (…) Pablo nos enseña ese camino de evangelizar porque así lo hizo Jesús, porque es bien consciente de que la evangelización no es hacer proselitismo: es porque tiene seguridad en Jesucristo y no tiene necesidad de justificarse y de buscar razones para justificarse. Cuando la Iglesia pierde este coraje apostólico se vuelve una Iglesia parada, una Iglesia organizada, bonita, muy bonita, pero sin fecundidad, porque perdió el coraje de ir a las periferias, donde tantas personas son víctimas de la mundanidad, de la idolatría, de pensamientos débiles… de tantas cosas. Pidamos hoy a San Pablo que nos dé este coraje apostólico, este fervor espiritual, se que seamos seguros. ‘Pero padre… nos podemos engañar’. “’Adelante… si te equivocas, levántate e sigue enfrente: Este es el camino’. Aquellos que no caminan para no equivocarse, cometen un error más grave”. (Homilía en Casa Santa Marta, 8 de mayo de 2013)
»Me alegra saber que en los últimos años, varios santuarios cristianos han sido restaurados en Argelia. Acogiendo a cada uno, tal y como es, amablemente y sin proselitismo, vuestras comunidades demuestran que quieren ser una iglesia con las puertas abiertas, siempre ‘en salida’”. (Discurso a los prelados del Norte de Africa, 2 de marzo de 2015)
[Eugenio Scalfari] En una de nuestras reuniones él me habló de esa misión que concierne también a los no creyentes. “La Iglesia misionera” – me dijo – no hace proselitismo, pero lucha por despertar la búsqueda del bien en sus almas.” (La Repubblica.it, 15 de marzo de 2015. Original italiano)
Otra vez más: el problema del ecumenismo. Nunca litigar. Dejemos que los teólogos estudien los temas abstractos de la teología. Pero, ¿qué debo hacer con un amigo, un vecino, una persona ortodoxa? Ser abierto, ser amigo. ¿Acaso me debo esforzar en convertirlo? Hay un pecado gordo contra el ecumenismo: el proselitismo. Nunca se debe hacer proselitismo con los ortodoxos. Son hermanos y hermanas nuestros, discípulos de Jesucristo. […] ¿Qué debo hacer? No condenar, no, no puedo. Amistad, caminar juntos, rezar unos por otros. Rezar y hacer obras de caridad juntos, cuando es posible. Esto es el ecumenismo. Pero nunca condenar un hermano o una hermana, nunca dejar de saludarla porque es ortodoxa. (Viaje Apostólico a Georgia, 1 de octubre de 2016)

Conversión no es fácil, porque es cambiar la vida, cambiar de método, cambiar muchas cosas, incluso cambiar el alma. Pero este camino de conversión nos dará la identidad de un pueblo que sabe engendrar a los hijos, no un pueblo estéril. Si nosotros como Iglesia no sabemos engendrar hijos, algo no funciona. El desafío mayor de la Iglesia hoy es convertirse en madre: ¡madre! No una ong bien organizada, con muchos planes pastorales… Los necesitamos, ciertamente… Pero eso no es lo esencial, eso es una ayuda. ¿A qué ayuda? A la maternidad de la Iglesia. Si la Iglesia no es madre, es feo decir que se convierte en una solterona, pero se convierte en una solterona. Es así: no es fecunda. No sólo engendra hijos la Iglesia, su identidad es dar vida a los hijos, es decir, evangelizar, como dice Pablo VI en la Evangelii nuntiandi. La identidad de la Iglesia es esta: evangelizar, es decir, engendrar hijos. Pienso en nuestra madre Sara, que había envejecido sin hijos; pienso en Isabel, la esposa de Zacarías, que envejeció sin hijos; pienso en Noemí, otra mujer que envejeció sin descendencia… Y estas mujeres estériles tuvieron hijos, tuvieron descendencia: el Señor es capaz de hacerlo. Pero para ello la Iglesia debe hacer algo, debe cambiar, debe convertirse para llegar a ser madre. ¡Debe ser fecunda! La fecundidad es la gracia que nosotros hoy debemos pedir al Espíritu Santo, para que podamos seguir adelante en nuestra conversión pastoral y misionera. No se trata, no es cuestión de ir a buscar prosélitos, ¡no, no! Ir a tocar los timbres: «¿Usted quiere venir a esta asociación que se llama Iglesia católica?…». Hay que hacer la ficha, un socio más… La Iglesia —nos dijo Benedicto XVI— no crece por proselitismo, crece por atracción, por atracción materna, por ese ofrecer maternidad; crece por ternura, por la maternidad, por el testimonio que genera cada vez más hijos. Está un poco envejecida nuestra Madre Iglesia… No debemos hablar de la «abuela» Iglesia, pero está un poco avejentada. Tenemos que rejuvenecerla, pero no llevándola al médico que hace la cosmética, ¡no! Este no es el verdadero rejuvenecimiento de la Iglesia, esto no funciona. La Iglesia se hace más joven cuando es capaz de engendrar más hijos; se hace más joven cuanto más se hace madre. (Discurso a los participantes en la asamblea diocesana de Roma – 16/6/2014)

[Francisco]: Por eso es el Espíritu el artífice de la unidad entre los cristianos. Por eso digo que la unidad se hace en camino, porque la unidad es una gracia que se debe pedir, y también por eso repito que todo proselitismo entre cristianos es pecaminoso. La Iglesia no crece nunca por proselitismo sino “por atracción”, como dijo Benedicto XVI. El proselitismo entre cristianos, por lo tanto, es en sí mismo un pecado grave.
[Avvenire]: ¿Por qué?
[Francisco]: Porque contradice la dinámica misma de cómo se llega a ser y se sigue siendo cristiano. La Iglesia no es un equipo de fútbol que busca hinchas. (Entrevista a Avvenire, 18 de noviembre de 2016)

Enseñanzas del Magisterio

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Autores

Juan Pablo II

Hoy la conversión se ve como un acto de proselitismo

46. El anuncio de la Palabra de Dios tiende a la conversión cristiana, es decir, a la adhesión plena y sincera a Cristo y a su Evangelio mediante la fe. La conversión es un don de Dios, obra de la Trinidad; es el Espíritu que abre las puertas de los corazones, a fin de que los hombres puedan creer en el Señor y « confesarlo » (cf. 1 Cor 12, 3). De quien se acerca a él por la fe, Jesús dice: « Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae » (Jn 6, 44)
La conversión se expresa desde el principio con una fe total y radical, que no pone límites ni obstáculos al don de Dios. Al mismo tiempo, sin embargo, determina un proceso dinámico y permanente que dura toda la existencia, exigiendo un esfuerzo continuo por pasar de la vida « según la carne » a la « vida según el Espíritu (cf. Rom 8, 3-13). La conversión significa aceptar, con decisión personal, la soberanía de Cristo y hacerse discípulos suyos. […] Hoy la llamada a la conversión, que los misioneros dirigen a los no cristianos, se pone en tela de juicio o pasa en silencio. Se ve en ella un acto de « proselitismo »; se dice que basta ayudar a los hombres a ser más hombres o más fieles a la propia religión; que basta formar comunidades capaces de trabajar por la justicia, la libertad, la paz, la solidaridad. Pero se olvida que toda persona tiene el derecho a escuchar la « Buena Nueva » de Dios que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocación. La grandeza de este acontecimiento resuena en las palabras de Jesús a la Samaritana: « Si conocieras el don de Dios » y en el deseo inconsciente, pero ardiente de la mujer: « Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed » (Jn 4,10.15). (Juan Pablo II, Encíclica Redemptoris Missio n. 46, 7 de diciembre de 1990)

El Papa tiene el poder de enseñar, gobernar y santificar con la autoridad del mismo Jesucristo

El Romano Pontífice tiene la «potestad sagrada» de enseñar la verdad del Evangelio, administrar los sacramentos y gobernar pastoralmente la Iglesia en nombre y con la autoridad de Cristo. (Juan Pablo II, A los Prelados Auditores, Oficiales de la Cancillería y abogados del Tribunal de la Rota Romana, 21 de enero de 2000)

Sagradas Escrituras

Se debe evangelizar cueste lo que cueste

Yo te conjuro de la parte de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su Reino, proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar. (2Tim 4,1-2)

Pablo teme por sí, si no anuncia el Evangelio

Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! (1Cor 9, 16)

Gregorio XVI

La mera rectitud, apartada de la Iglesia, no basta para alcanzar la salvación

Otra causa que ha producido muchos de los males que afligen a la Iglesia es el indiferentismo, o sea, aquella perversa teoría extendida por doquier, merced a los engaños de los impíos, y que enseña que puede conseguirse la vida eterna en cualquier religión, con tal que haya rectitud y honradez en las costumbres. Fácilmente en materia tan clara como evidente, podéis extirpar de vuestra grey error tan execrable. Si dice el Apóstol que hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo[16], entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo[17] y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha[18]; oigan a San Jerónimo que nos cuenta cómo, estando la Iglesia dividida en tres partes por el cisma, cuando alguno intentaba atraerle a su causa, decía siempre con entereza: Si alguno está unido con la Cátedra de Pedro, yo estoy con él[19]. No se hagan ilusiones porque están bautizados; a esto les responde San Agustín que no pierde su forma el sarmiento cuando está separado de la vid; pero, ¿de qué le sirve tal forma, si ya no vive de la raíz?[20]. [Notas 16: Eph. 4, 5.], [17: Luc. 11, 23.], [18: Symb. S. Athanas],[nota 19: S. Hier. ep. 57],[20: In ps. contra part. Donat]. (Gregorio XVI, encíclica Mirari Vos, 15 de agosto de 1832)

Pío IX

Los conciliadores son enemigos de la Iglesia

En estos tiempos de confusión y de desorden, no es raro ver cristianos, católicos –hasta los hay en el clero secular, en los claustros- que siempre tienen en los labios la palabra de término medio, de conciliación, de transacción. Pues bien! no vacilo en declararlo: esos hombres están en un error, y no los miro como los enemigos menos peligrosos de la Iglesia. Vivimos en una atmósfera corrompida, pestilencial; sepamos preservarnos de ella; no nos dejemos emponzoñar por las falsas doctrinas, que todo lo pierden, so pretexto de salvarlo todo. (Pío IX, palabras en la visita a la iglesia de Aracoeli, 17 de septiembre de 1861)

León XIII

El que busca satisfacer al hereje, de él se aproxima

Quien no quiera ser hereje ni sentar plaza de tal no trate de satisfacer a éste ni al otro… Apresúrese a satisfacer en todo a la Sede de Roma. Satisfecha la Sede de Roma, en todas partes y a una sola voz le proclamarán pío y ortodoxo. Y el que de ello quiera estar persuadido, será en vano que se contente con hablar si no satisface y si no implora al bienaventurado Papa de la santísima Iglesia de los Romanos, esto es, la Sede apostólica.(León XIII,  encíclica Satis Cognitum, n. 34, 29 de junio de 1896)

Concilio Vaticano II

La obligación de la Iglesia y de los fieles es enseñar a cumplir cuanto mandó Cristo

Por eso, a los no creyentes la Iglesia proclama el mensaje de salvación para que todos los hombres conozcan al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo, y se conviertan de sus caminos haciendo penitencia. Y a los creyentes les debe predicar continuamente la fe y la penitencia, y debe prepararlos, además, para los Sacramentos, enseñarles a cumplir todo cuanto mandó Cristo y estimularlos a toda clase de obras de caridad, piedad y apostolado, para que se ponga de manifiesto que los fieles, sin ser de este mundo, son la luz del mundo y dan gloria al Padre delante de los hombres. (Sacrosanctum Concilium n. 9, 4 de diciembre de 1963)

Pablo VI

En el diálogo con los demás debemos inmunizarnos del contagio de sus errores

El arte del apostolado es arriesgado. La solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuación o en una disminución de la verdad. Nuestro diálogo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y de acción que han de señalar nuestra cristiana profesión. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. Sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y sólo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto. (Pablo VI, Encíclica Ecclesiam Suam, n. 33, 6 de agosto de 1964).

Congregación para la Doctrina de la Fe

Los relativismos de hoy no son motivo para dejar la acción evangelizadora de la Iglesia

13. La acción evangelizadora de la Iglesia nunca desfallecerá, porque nunca le faltará la presencia del Señor Jesús con la fuerza del Espíritu Santo, según su misma promesa: «yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). Los relativismos de hoy en día y los irenismos en ámbito religioso no son un motivo válido para desatender este compromiso arduo y, al mismo tiempo, fascinante, que pertenece a la naturaleza misma de la Iglesia y es «su tarea principal»[54]. «Caritas Christi urget nos» (2 Co 5, 14): lo testimonia la vida de un gran número de fieles que, movidos por el amor de Cristo han emprendido, a lo largo de la historia, iniciativas y obras de todo tipo para anunciar el Evangelio a todo el mundo y en todos los ámbitos de la sociedad, como advertencia e invitación perenne a cada generación cristiana para que cumpla con generosidad el mandato del Señor. Por eso, como recuerda el Papa Benedicto XVI, «el anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos pueden dar a cada persona y a todo el género humano, por estar llamados a comunicar a todos el amor de Dios, que se manifestó plenamente en el único Redentor del mundo, Jesucristo»[55]. El amor que viene de Dios nos une a Él y «nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea “todo en todos” (cf. 1 Co 15, 28)»[56].  (Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la Evangelización, 6 de octubre de 2007)

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